Silencio

Camino por la fría calle desde la estación.
Agazapado, aterido por la espesa niebla que atrapa la noche.
Mis pasos siguen un camino conocido,
y mis pies se encadenan con las hojas caídas del otoño
que se pudren tras días de inanición.
El silencio lleno de vacíos en la ciudad serena
se rompe solo por el crepitar de intensos recuerdos
que me atormentan, y hacen vagar el alma
por un páramo yermo sin final.
Deseos de apagar la luz y dormir,
descanso largo,
negro túnel en el que por instantes se ve la luz,
y luego la nada.
Fin de año. Fin, al fin y al cabo.

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De un padre en el metro de Madrid

Un padre de tez blanca y cejas anchas,
Semblante amable y sereno,
Observa a sus hijos delante de él sentados.
Uno juega
con una pequeña figura en sus manos,
La otra mira a su padre, cómplice y divertida.
Mañana examen de “Naturales”, ¿verdad?
– pregunta el padre –
Al volver de trabajar te voy a preguntar.
Los niños, mulatos, sonríen.
Lo hacen con esa inocencia infantil,
Que de mayores perdemos.
Ambos, de piel color aceituna,
Con esa belleza de la mezcla apasionada de culturas…
Ambos sueñan con el hoy,
Que el futuro queda lejos y aún no está.
El padre coge un boli y escribe unos versos,
En el cuaderno de la hija, improvisados.
Una escritura estilizada, alargada,
digna de un polímata del Renacimiento.
Firma su escrito y deja para la posteridad su pensamiento,
En un papel de un cuaderno. Lleno de sentimiento.
Y todo para su hija, para ella.
Llega la siguiente estación,
Recoge las mochilas y salen los tres de la mano.
Y la vida continúa otro día más.

Dónde estás inspiración

¿Dónde estás inspiración?

Te quedaste en un rincón

O quizá agazapada en un oscuro cajón

Abrumada por tumultos acelerados,

Cohibida y ahogada sin casi respiración.

Te busqué con disimulo,

Pensando en la no necesidad de sentirte

Y abrazarte y no dejarte escapar.

Cuán equivocado me encontraba

Teniéndote a mi lado,

Creyendo que la vida es más que oración y pecado.

Ahora faltas y te busco,

Necesitado de tu luz.

Sal pronto de tu escondite,

Llena de tinta el corazón,

Derrocha versos sobre el papel.

Mueve de nuevo pluma y cincel.

Corre, dame la mano y caminemos juntos otra vez.

Dónde estás inspiración,

Hace tiempo te dejé…

Y perdona por la vida caminando sin pasión.

Vuelvo raudo la mirada,

Templo músculo y canción,

Afino quizá la sintonía

De eso que llamábamos amor.

Regresa pronto Dulcinea

Rompe el hechizo al despertar,

Devuélveme tu sonrisa,

Que en la mía convertí noche y día

Destierra ya la agonía

Y vuelve a tu lugar.

La historia de un duende

Esta es la historia de un duende:

No miente, sí siente, se ríe y asiente
que vive vividor otra vida
que es la suya, la soñada o amada.

Anteriormente vivía de noche, vivía de día, ¡qué días más locos!

Tenía quehaceres, trabajo, mujeres,…

Encadenadamente precioso.

Entraba y salía perdiendo la vida,

Ganando al presente su amor y alegría.

Felicidad en su mundo ¡qué mundo dichoso glorioso y hermoso!

Dame libertad y te construyo un palacio decía… Diciendo que dicho queda ya todo.

Ahora todo lo mira y siente el hermoso presente
dejando pasados llenos de ayeres, deseando futuros cargados de inmensos mañanas.

Una luz desbordante, intrigante.

Terremoto dentro del cristal, del hielo… Un nuevo fuego de vida. Un “quiero ser tuyo”.

En ese momento, perfecto, directo, sediento de ella y de un cubata de ron.

Dame música y canción…

Y ovación.

Es su alma que baila con nubes de corales en el cielo. O eso digo yo.

Esta es la historia de un cuento sin cuento que cuentan y cantan.

Es la historia de un sueño que se hizo realidad.

Aniversario feliz

Hoy el sol se mece en el atardecer
templando recuerdos que fueron olvidados.
Recuerdos preciosos, de infancia feliz, despreocupada.
Hoy una imagen de jardín me lleva a otro tiempo
jugando con aquél ruidoso y oxidado tractor,
en otro jardín, recogiendo arena y barro.
Hoy he tenido a mi padre a mi lado,
un instante,
compartiendo el juego, riendo, enseñándome.
Hoy el ocaso es generoso
y me devuelve el verso y el recuerdo.
Y ahora son mis manos
las que comparten juegos y enseñan.
Y en mi pensamiento tú,
sobria, serena, segura siempre de ti.
Balanza de mis desahogos,
y apoyo sin duda eterno.
Ahora dos flores crecen en nuestro jardín,
fruto de un “sí quiero”
que revolvió mi mundo,
y me hizo darme entero.
Tres primaveras han pasado de aquello,
aniversario feliz,
aniversario eterno.

Llevo un tiempo…

Llevo un tiempo sin escribir. Lo llevo.
Llevo un tiempo sin dormir.
Llevo, así es, tiempo, solo tiempo,
sin que la dama blanca invada,
con sus aromas de noche,
mi rutina.
Llevo tiempo viviendo, andando caminos,
a veces riendo, otrora llorando.
Llevo tiempo, sí, a veces corriendo.
Sin pensar, sin sentir, sin vivir,
y acaso sin olvidar, u olvidando y sintiendo.
Llevo un tiempo con un sueño que es de dos,
y que será, o quizá lo es ya,
profunda realidad.
Llevo un tiempo queriendo vestir de seda
lo que a veces es de hielo.
Llevo un tiempo queriendo querer…
Llevo un tiempo queriendo no leer epitafios…

Sin aparente destino

Llegó el tiempo en el que el aire corta
al amanecer los sueños,
gélido, constante, queriendo llegar
a cada rincón y conquistarlo,
dejando paso al invierno.
La noche cerrada va quedando tras los pasos distraidos del alba.
recordando al caminante que vaga
sin aparente destino
que el nuevo día comienza inexorable
y tras este día, otro, y otro más.
Escribo ahora con mis dedos de cristal,
dejando que la tinta refleje historias,
que otrora me halagara haber contado.
Ahora sigo al caminante, me meto en su piel,
me hielo, y siento el aire que azota mis sentidos.
Caleidoscopio de sensaciones,
hipersensibilidad y estado febril,
El frío clima queda fuera,
el camino ya se andará.