Llevo un tiempo…

Llevo un tiempo sin escribir. Lo llevo.
Llevo un tiempo sin dormir.
Llevo, así es, tiempo, solo tiempo,
sin que la dama blanca invada,
con sus aromas de noche,
mi rutina.
Llevo tiempo viviendo, andando caminos,
a veces riendo, otrora llorando.
Llevo tiempo, sí, a veces corriendo.
Sin pensar, sin sentir, sin vivir,
y acaso sin olvidar, u olvidando y sintiendo.
Llevo un tiempo con un sueño que es de dos,
y que será, o quizá lo es ya,
profunda realidad.
Llevo un tiempo queriendo vestir de seda
lo que a veces es de hielo.
Llevo un tiempo queriendo querer…
Llevo un tiempo queriendo no leer epitafios…

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Sin aparente destino

Llegó el tiempo en el que el aire corta
al amanecer los sueños,
gélido, constante, queriendo llegar
a cada rincón y conquistarlo,
dejando paso al invierno.
La noche cerrada va quedando tras los pasos distraidos del alba.
recordando al caminante que vaga
sin aparente destino
que el nuevo día comienza inexorable
y tras este día, otro, y otro más.
Escribo ahora con mis dedos de cristal,
dejando que la tinta refleje historias,
que otrora me halagara haber contado.
Ahora sigo al caminante, me meto en su piel,
me hielo, y siento el aire que azota mis sentidos.
Caleidoscopio de sensaciones,
hipersensibilidad y estado febril,
El frío clima queda fuera,
el camino ya se andará.

Cuarenta cumpleaños

A veces sueñas con cosas hermosas
que eternas se perfilan en el dibujo de la noche.
Cosas, pequeños detalles,
sutiles recuerdos entrelazados entre tus dedos.
Y pasa un año, efeméride preciosa,
que embriaga tu corazón,
envolviendo de dulce aroma tu existencia.
Año pleno, año inmenso, año de sueños:
duermevela intensa de felicidad.
Mujer, madre, esposa… Inspiración infinita.
Son cuarenta estaciones que dejas atrás,
creciendo, amando, viviendo cada día más.
Son cuarenta contigo, a tu lado, las que deseo continuar.
Siempre alegre, siempre fuerte, siempre tú.
Hoy cumples un año más de emoción.
Hoy eres un poquito más de ti misma.
Hoy soy cuarenta veces más tuyo que nunca.

Inmenso abrazo

Camino dejando que el tiempo haga su papel,
concluyendo el día, esperando al ocaso sin más.
Camino y el cielo se torna anaranjado, y luego azul, y morado.
Escucho la pinocha crujir bajo mis pies,
como alfombra que no lleva a ningún lugar.
Y sigo paso a paso arrastrando el sueño que faltó desde días atrás.
De repente corres hacia mí: sin pensar,
sin importarte si tropezarás y caerás.
Tus brazos abiertos son como alas
que te elevan directa hacia mi abrazo.
El mundo se frena por un instante.
Desaparece el sueño y el dolor.
Se atenúa hasta casi olvidarse aquello que atrás quedó.
Nada importa: solo tu imagen sonriendo.
Y corriendo rabiosa de alegría,
colmándome de felicidad. Y de alegría.
Fotografía preciosa para la eternidad:
mi niña, corriendo, riendo, para abrazar a su papá.

El sitio que me vio crecer

Vuelvo al sitio que me vio crecer.
Ha pasado tiempo, quizá tanto tiempo…
Que ya no sé a dónde llego,
O quizá nunca me fui,
De aquellas calles donde la infancia se convirtió en juventud.
De aquel castillo que perenne vigila sin hacer apenas ruido,
convertido en símbolo de siglos y de historias lejanas.
Vuelvo y hallo paz, amistad y sonrisas.
Sueños que nunca se borraron,
Ilusiones de futuro que quedaron atrás.
Y siento la vida que corre de nuevo por mis venas.
¡Vivo! Y me alegro en mi recuerdo
Paseando por calles que siempre conocí.
Y la vida se me revuelve,
Y duermo plácido, feliz.
Duermo sabiéndome querido, sabiendo que nunca me fui.
Pensando que el tiempo sigue,
Y que ahora vuelve hacia mí.
Volveré a recorrer tus calles,
A compartir tus momentos, y recordar instantes.
Y sentir, que a pesar de todo, seré feliz.
Y regreso dando pasos despacio,
Mirando un cielo completo de preciosas estrellas,
Horizonte limpio y puro.
Y vuelvo por tus rincones y tus senderos,
Por tu río y por tus puentes,
Caminando, siguiendo mi camino,
Y sabiendo que pronto volveré
A reír, a andar, a compartir,
Mis sueños, los de antes, y los de siempre.

El mundo al revés

Veo el mundo al revés,
donde las nubes son montañas y el cielo es tierra.
El agua hace de cielo, y no cae, aunque se mueve.
Veo el mundo al revés,
a ancianos correteando distraídos en el parque,
y a un león acariciando a un niño.
Y el agua no cae, aunque se mueve.
Y no hay ruidos.
Quizá una risa de una niña cercana.
Quizá un ladrido familiar a lo lejos.
Es el mundo del revés, y me calma.
Y me quiero quedar un rato más.

Luchar contra la levedad

Qué terrible levedad del sentimiento:
un día rebosa henchido de alegría,
y no acabando de producirse el ocaso
torna caprichoso en melancolía,
incluso rabia, o desazón.
Duro es el instante de vivir cada segundo
sabiendo que el destino inclina el camino
y lo vuelve sinuoso, y pedregoso.
Cuán difícil es acertar con una palabra adecuada,
un deseo acaso, un sueño siquiera.
Solo queda el sonido del mar, paz constante,
que adormece mis oídos desgastados
con el metrónomo eterno de las olas.
Y en el cielo la luna desaparece y se renueva,
y en la tierra la noche abriga y adormece la vida.
Por la mañana lucirá de nuevo el astro vital,
el mundo despertará,
y el camino volverá, quizá mañana más llano.
Y sumaremos segundos de gloria,
volviendo a llenar el alma de alegría
y queriendo gritar hacia el cielo:
¡No hay desdicha sino filantropía!
Entregar lo que uno tiene, amar,
abrazar.
Llenar de peso los momentos hermosos:
luchar contra la levedad.